La sonda Phoenix de la NASA encuentra hielo en Marte

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Los científicos que trabajan en la misión de la sonda Phoenix de la NASA en Marte informaron de lo que denominaron pruebas convincentes de que el robot ha encontrado hielo cuando excarvaba en la superficie marciana.

La prueba aparece en una serie de imágenes enviadas por Phoenix de un foso cavado con su brazo robótico en el círculo ártico de Marte, que mostró trozos del tamaño de dados de un material que se ha fundido con el paso de los días.

‘Siento un gran orgullo y alegría hoy al anunciar que hemos encontrado la prueba que hemos estado buscando de que es realmente agua helada y no algún otro material’, dijo el principal investigador de la misión, Peter Smith, de la Universidad de Arizona, en una conferencia de prensa.

La presencia de agua en Marte es crucial porque es clave en la cuestión de si la vida, incluso en la forma de meros microbios, existe o ha existido alguna vez en Marte. En la Tierra el agua es un ingrediente necesario para la vida.

Los científicos descubrieron primero lo que creían que era una gran hoja de hielo bajo la superficie árida del polo norte marciano en 2002, cuando la sonda Odyssey la detectó a través de un análisis de hidrógeno cuando orbitaba el planeta.

Phoenix aterrizó el 25 de mayo y descubrió los dados blancos cuando cavaba en el suelo, aunque la NASA fue cauta antes de pronunciar que fuera hielo porque existía la posibilidad de que fuera sal.

Sin embargo la secuencia de imágenes mostró que los alrededor de ocho dados desaparecían lentamente, confirmando para los científicos que era agua helada. ‘Fue simplemente convincente’, dijo Smith al ver las imágenes por primera vez.

Aunque los científicos dijeron estar emocionados con el descubrimiento, este es sólo el primer paso en la misión primaria de Phoenix para determinar si el agua ha fluido en Marte y si la vida existe en el planeta a cualquier nivel.

Durante las próximas semanas el equipo científico analizará el hielo y el suelo para determinar su historia geológica y buscar material orgánico. La sonda Phoenix, de 420 millones de dólares, pasó 10 meses viajando de la Tierra a Marte.

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En inhóspita isla de Patagonia descubren milenarias tumbas kawéskar

El hallazgo fue realizado por investigadores nacionales y franceses en la Isla Madre de Dios, uno de los puntos más remotos de nuestro territorio.

Ubicada en Magallanes, la Isla Madre de Dios es uno de los sitios más lluviosos del país: diez metros de precipitaciones anuales, y vientos que pueden llegar a los 210 kilómetros por hora. Acceder a la isla no es fácil, pues además se suman grandes olas que golpean sus orillas.

Una expedición científica bautizada “Última Patagonia” y ejecutada por Centre Terre, una organización chileno-francesa, con apoyo del Ministerio de Bienes Nacionales, la Embajada de Francia, la Comisión Bicentenario, Conadi, Compañía de Aceros del Pacífico y Armada de Chile, se atrevió a desafiar esta indómita isla.

Objetivo: dar con una de las culturas menos estudiadas de la geografía nacional, los kawéskar (alacalufes).

La odisea rindió dividendos. Los investigadores descubrieron seis tumbas de hasta 4.500 años de antigüedad, un hallazgo generado a partir de la información entregada por cuatro de los últimos 17 miembros de este pueblo -al borde de la extinción- que participaron en la expedición, el que será exhibido en el próximo capítulo de “Cazadores de ciencia” de TVN.

Los investigadores viajaron durante 12 días con tres ancianos kawéskar, y una de sus descendientes por la isla y sus alrededores, donde los últimos representantes de uno de los pueblos más antiguos de Chile recordaron acontecimientos de su vida, que destila trazos de una cultura casi extinta que apenas dejó huellas escritas.

Incluso una de las ancianas nació y vivió en esa isla, donde el descubrimiento revela que los kawéskar, un pueblo que tradicionalmente ha sido considerado limitado en su desarrollo cultural y tecnológico, pudieron trasladarse hasta allí hace miles de años en rudimentarias canoas.

“Fue un encuentro emotivo e impresionante, porque les ayudamos a documentar su memoria patrimonial”, relató Marcelo Agüero, quien lideró por parte de Chile la expedición. “La vida en la isla era ‘un infierno’ por la constante lluvia que se cernía sobre ella y que hacía parecer sus bloques de piedra caliza como si fueran mármol”, dijo.

Los científicos hallaron huesos de ballenas a 32 metros de altura, lo que les hace pensar, entre otras hipótesis, que un tsunami gigante pudo empujar a estos animales hacia el interior de las cuevas o que quizá hace miles de años el nivel del mar alcanzaba esas cotas. (LN)

En busca de extraterrestres

En el norte de California se encendió el pasado mes de septiembre del 2007, el interruptor de un enorme telescopio diseñado especialmente para buscar señales de vida extraterrestre.

Financiado por el cofundador de Microsoft, Paul Allen, el sistema tendrá 350 antenas de seis metros y será uno de los más grandes del mundo.

Llamado formalmente Allen Telescope Array (ATA), el sistema será capaz de rastrear más de un millón de sistemas estelares con el fin de detectar señales generadas por seres inteligentes.

Sus creadores esperan que el ATA les ayudará a localizar hacia el 2025 signos definitivos de vida extraterrestre.

Primera luz

El ATA es administrado por el Instituto de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI, por sus siglas en inglés) y la Universidad californiana de Berkeley.

“Para SETI, las capacidades técnicas de ATA aumentan exponencialmente nuestra capacidad para buscar señales inteligentes, y podrían llevar al descubrimiento de seres pensantes en otras partes del universo”, dijo Seth Shostak, astrónomo de SETI, en una declaración.

El 11 de octubre, las primeras 42 antenas del sistema comenzaron a recolectar datos para analizar los posibles signos de vida extraterrestre y ayudar con radioastronomía convencional.

Las primeras imágenes de prueba producidas por el sistema son mapas radiales de las galaxias de Andrómeda y del Triángulo.

Pioneros

El ATA es un sistema pionero por el novedoso diseño de las antenas que escanearán el cielo.

Cada antena de 6 metros de largo está compuesta de un platillo producido en serie y de componentes listos para ser usados.

Cuando operen las 350 antenas, dicen sus creadores, se podrá recolectar información a una escala “sin precedente”.

El instrumento final podrá estudiar un área del cielo 17 veces más grande que el que alcanza el sistema que se encuentra en Nuevo México.

Se espera que ATA ayude entender mejor fenómenos como las supernovas, los agujeros negros y los objetos astronómicos exóticos que han sido pronosticados, pero nunca observados.

El sistema se encuentra en el observatorio de Hat Creek, California, situado unos 467 kilómetros al norte de San Francisco.